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| Resumen | Imágenes | Colaboradores |
Austria, el país de los Alpes, fue el escenario del Alpen Tour Trophy y hasta allí nos desplazamos Diego Boursiac y Carlos Serra en representación del equipo Valbuena con nuestras bicicletas Proflex 467. Todo un reto personal para ambos, toda una aventura de 4 días que prometía mucho como experiencia.
El 21 de Mayo de 2008 llegamos a Viena. Después de un par de horas de avión tocaba coger el coche y hacer 150 km de carretera hasta Oberaich, el lugar de la primera etapa. Las cuatro etapas se disputaban en la comarca de Steienmark y todas las localizaciones se encontraban relativamente cerca.
Después de recoger nuestro dorsal y cenar por primera vez con todos los participantes y la organización nos fuimos a dormir a un Gastofhaus de la zona que resultó ser de lo más comfortable y acogedor.
A la mañana siguiente plenamente motivados bajamos a desayunar y nos encontramos con un par bikers nacionales que también pasaban la noche allí. En la primera salida y en todas las demás se respiraba un ambiente genial: el sol, el verde de fondo y la hierba húmeda daban color y olor a un entorno realmente fantástico.
A nuestro alrededor furgonetas y caravanas de equipos profesionales que ivan a disputarse las primeras plazas de esta carrera. Nosotros sabíamos que no teniamos nada que hacer en una guerra en la que estaban colosos como: Alban Lakata, Dries Govaerts o Roman Rametsteiner y equipos de la talla del Dolphin Trek, KTM, Stork, Lingier-Versluys... Pero sabíamos que nos esperaban cuatro bonitos recorridos para disfrutar con nuestras BTT.
La salida de la primera etapa fue un anticipo de lo que iva a ir pasando ese día y los siguientes. ¡Los de delante salieron disparados y disparados llegaron! Por suerte habían otros corredores, los del Alpen Tour Adventure, equipos de dos y de tres que ivan como nosotros, a disfrutar a nuestro ritmo; con ellos compartimos los duros kilómetros que los Alpes ofrecían.
La primera etapa fueron 5 vueltas a un circuito de 10km que transcurrían por zonas de pasto de los cuales solo 3km eran de bajada llegando a acumular 2200m de desnivel. Las subidas de plato pequeño y bajadas ratoneras con raíces mojadas no dejaban descansar ni un momento y era imposible encontrar un ritmo al que acomodarse.
Cuando acabamos fuimos para nuestra Gastofhaus y después de una ducha y una siesta salimos para ir a cenar con todos en el restaurante que la organización había reservado. Durante todas las etapas los almuerzos y las cenas fueron todo un lujo y un acierto por parte de la organización.
La segunda etapa se disputaba en Eisenerz-Vordernberg. Primero se subía un tramo de carretera interminable y luego te adentrabas en una zona boscosa rompepiernas con un poco de bajada. Después tocaba subir tres veces a Präbichl, donde se encontraba la segunda cota de unas pistas de ski. La sorpresa de
este circuito fueron 10 km extra a lo que habían informado y con más desnivel, 69 km con 2700m de desnivel hicieron mella en todos nosotros. Cuando acabamos la etapa y después de la ducha cogimos carretera secundaria para disfrutar de los paisajes que son espectaculares, y llegamos Donnersbachwald un pequeño pueblecito donde motamos nuestra tienda de campaña para pasar noche, a pesar de un poco de llovizna.
A la mañana siguiente dieron la salida de la tercera etapa.
Un trazado de 10km al que dimos 4 vueltas. La fórmula fue sencilla: 6 km de subida más 4 de bajada. Cruzando ríos, subiendo a primera cota de pistas y bajando por ellas. Una gozada de circuito ¡corto y explosivo!
A la llegada, recogimos los bártulos y nos dirijimos a Schladming donde nos esperaba una generosa cena y un ambiente más festivo con la celebración de un Slalom nocturno en la pista de ski que presidía el centro del pueblo.
La última etapa era la más bucólica y la más dura. Había que cubrir una distancia de 72 km y 2900 m de desnivel. Los 15 primeros kilómetros servían para ascender de los 500 a los 2000 metros, después descendías otros 15 km y otra vez una subida endiablada que te conducía a la pista del Slalom. En ese punto pasabas por meta y repetías la subida endiablada para volver a meta. A la llegada se celebró la tradicional entrega de premios y disfrutamos de un buffet libre de pasta que agradecimos como agua de Mayo.
Las Proflex funcionaron genial durante toda la carrera y el único incidente técnico fue un pinchazo en el último tramo de la última etapa. La 467 es cómoda y rígida, perfecta para un uso exigente ¡y nos lo ha demostrado!
Las piernas sufrieron mucho pero nos traemos un grato recuerdo de esta carrera y animamos a todos a participar. Los Alpes son un lugar mágico con muchos rincones llenos de encanto. En general, todo el viaje, despues de recorrer en coche más de 700 km, fue una experiencia única. Esperamos que el año que viene alguno de vosotros se anime y seamos más los que disfrutemos de esta gran carrera.
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